¿Qué hacer cuando la tarima no cabe?
Pasa más seguido de lo que se admite: la tarima llega, se arma, se lleva al rack y no entra. Sobresale por el frente, choca con el travesaño superior o se pasa del ancho del claro. La reacción inmediata suele ser resolver el momento, bajar cajas, recorrer la estiba, dejarla en el pasillo o meterla a la fuerza. Todas esas soluciones cuestan tiempo y ninguna evita que el problema se repita mañana con la siguiente tarima igual. Vale la pena entender por qué no cabe, porque cada causa tiene una salida distinta.
Primero hay que saber qué medida está sobrando
Una tarima puede no caber por alto, por ancho o por fondo, y cada caso apunta a algo diferente. Si sobresale hacia el pasillo, el problema es el fondo del rack o una tarima de medida distinta a la que se usó para diseñar la estructura. Si no pasa por debajo del travesaño, el problema es la altura de la estiba armada contra el claro disponible. Y si roza los postes al entrar, el claro se calculó sin dejar la holgura mínima que exige la maniobra.
Medir la tarima real, cargada y con emplaye, es el paso que casi siempre se salta. La medida nominal de la tarima no incluye el producto que se desborda unos centímetros, ni el plástico que la envuelve, ni la cama que quedó desalineada al armarla. Cuando se compara la medida real contra el claro real del rack, la mayoría de los casos deja de ser un misterio y se vuelve un número concreto que se puede corregir.
Ajustar la estiba antes de tocar la estructura
Cuando el exceso es de pocos centímetros en alto, la solución más barata es rearmar. Bajar una cama, redistribuir el producto o cambiar el patrón de acomodo suele bastar, y el costo es el tiempo de un operador. Conviene hacerlo con criterio, porque una tarima que se arma más baja también rinde menos por posición y a veces conviene más ajustar el nivel del rack.
Si el problema es que la tarima entera es de una medida que la operación no usa, la salida es la retarimación en la zona de recibo. Pasar el producto a la tarima estándar del almacén al momento de recibir evita que esa medida rara circule por toda la bodega y aparezca justo cuando ya está en el pasillo con el equipo levantado. Es trabajo que se hace una vez, en el andén, en lugar de improvisarse cada vez que esa tarima se quiere guardar.
Mover el nivel del rack en lugar de pelear con la carga
Los racks selectivos permiten reubicar travesaños. Si toda una familia de producto se arma más alta que el claro asignado, no tiene sentido rebajar cada tarima: conviene rediseñar la altura de los niveles según lo que realmente se almacena. Un ajuste bien hecho puede incluso ganar una posición completa en la vertical, porque casi siempre hay claros desperdiciados arriba y ajustados abajo.
Ese ajuste depende del equipo disponible. Subir el nivel superior solo sirve si el apilador alcanza esa altura con la carga que se va a colocar, y con la capacidad residual correcta, no solo con el alcance del mástil. Un apilador eléctrico con la altura de elevación adecuada al rack permite rediseñar los claros con libertad, mientras que un equipo corto obliga a acomodar el almacén a la limitación de la máquina en lugar de al producto.
El equipo también define si la tarima entra derecha
Muchas tarimas que sí caben por medida no entran porque el operador no logra alinearlas. Un pasillo justo, un equipo sin desplazador lateral o una maniobra hecha de reversa terminan con la tarima cruzada, rozando el poste y saliéndose del claro. Se percibe como un problema de espacio cuando en realidad es un problema de precisión.
Ahí es donde el equipo correcto cambia el resultado. Un apilador con buen radio de giro, mástil estable y visibilidad hacia las horquillas coloca la tarima centrada al primer intento, incluso en pasillos angostos y a cuatro metros de altura. Cada intento fallido no solo cuesta minutos, también golpea el rack y afloja la estructura con el tiempo.
Lo que no cabe en el rack necesita otro destino
Siempre habrá carga fuera de estándar: bultos largos, tarimas dobles, producto voluminoso y ligero. Esa mercancía no debe forzarse al rack selectivo; necesita una zona propia, en piso o en estantería especial, definida desde el layout. Cuando el almacén reconoce esa excepción y le asigna lugar, el resto del sistema deja de improvisar.
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