¿Qué hacer si llegan tarimas mal armadas?
El almacén hereda los problemas que vienen desde el proveedor. Una tarima con tablas separadas, travesaños rotos o carga que sobresale del perímetro llega al andén y a partir de ahí es responsabilidad de la bodega moverla, guardarla y despacharla. Nadie diseñó la operación para eso, pero ocurre con frecuencia y termina afectando tiempos, equipo y seguridad. Tener un criterio claro sobre qué hacer con esas tarimas evita que el problema se traslade a toda la cadena interna.
El momento de decidir es en el andén, no después
Una tarima defectuosa que entra a la bodega ya no se puede rechazar sin costo. Una vez que se ingresa al inventario y se acomoda en un rack, devolverla implica maniobras adicionales, papeleo y un camión que ya se fue. La revisión tiene que ocurrir mientras el transporte sigue en el andén, con un criterio definido de qué se acepta y qué no. Ese minuto de revisión evita horas de manejo posterior.
El daño al equipo es el costo menos visible
Cuando la horquilla entra a una tarima con tablas flojas o travesaños vencidos, el esfuerzo no se distribuye como debería. La estructura cede en un punto, la carga se recarga sobre una sola horquilla y el equipo trabaja fuera de su condición normal. Repetido durante meses, ese uso acelera el desgaste de las ruedas, fuerza el sistema hidráulico y desalinea las horquillas. El costo aparece en mantenimiento sin que nadie lo relacione con la calidad de las tarimas recibidas.
Reestibar cuesta menos que arrastrar el problema
Cuando la tarima llegó mal pero el producto está en buen estado, la salida más práctica es reestibar sobre una tarima propia en buenas condiciones antes de ingresar al almacenamiento. Es una maniobra que toma pocos minutos y evita que esa tarima defectuosa circule por la bodega durante semanas, generando riesgos cada vez que se mueve. Mantener un stock de tarimas propias en buen estado para estos casos es una medida barata y de efecto inmediato.
El registro es lo que corrige al proveedor
Un almacén que reestiba en silencio absorbe un costo que no le corresponde y garantiza que el problema se repita. Registrar cada recepción con tarima defectuosa (proveedor, fecha, cantidad, tipo de daño) convierte una molestia operativa en un dato negociable. Con tres meses de registro es posible sentarse con el proveedor a mostrar el volumen real del problema, algo que ninguna queja verbal logra.
La carga que sobresale es un riesgo distinto al de la tarima rota
Una tarima puede estar en perfecto estado y aun así ser problemática si el producto sobresale del perímetro. Esa carga golpea contra los postes al entrar al rack, obliga a maniobras más lentas y no permite aprovechar el espacio de almacenamiento como se planeó. Es un defecto de estiba, no de tarima, y se corrige con un acuerdo previo con el proveedor sobre las dimensiones máximas de carga aceptadas.
El operador necesita autoridad para detener el ingreso
De poco sirve un criterio de recepción si quien lo aplica no puede detener una descarga. En muchas operaciones el operador detecta el problema pero no tiene autorización para rechazar y termina ingresando la tarima para no retrasar al transportista. Dejar por escrito qué puede rechazar y bajo qué condiciones convierte el criterio en una práctica real y no en una recomendación que nadie aplica.
El equipo adecuado reduce el impacto de lo que sí entra
Ninguna operación logra recibir el cien por ciento de las tarimas en condiciones ideales. Por eso conviene que el equipo de manejo tenga margen sobre las condiciones habituales: horquillas en buen estado, capacidad con holgura respecto de la carga típica y ruedas apropiadas para el piso de la bodega. Un equipo bien dimensionado tolera mejor las variaciones que llegan desde afuera y no falla al primer imprevisto.
Las tarimas que llegan mal no se pueden controlar, pero sí el equipo con el que se manejan. En Qualift ofrecemos patines hidráulicos en Tabasco en venta y renta, con asesoría para elegir el equipo que mejor responde a las condiciones reales de recepción de cada operación.
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