¿Qué hacer con las tarimas vacías del almacén?
Las tarimas vacías son el inventario que nadie administra. No aparecen en el sistema, no tienen responsable y no se cuentan al cierre, pero ocupan espacio real todos los días. Se acumulan junto al andén, detrás de la zona de embarque o en el pasillo que quedó libre, y crecen sin que nadie decida que deben crecer. Cuando alguien finalmente las cuenta, suelen ser cientos, en estados muy distintos, ocupando metros cuadrados que la operación estaba necesitando para trabajar.
El espacio que ocupan vale lo mismo que el del producto
Un almacén no tiene metros baratos. El piso que ocupa una estiba de tarimas vacías cuesta lo mismo que el que ocupa mercancía vendible, con la diferencia de que no genera ingreso. Cuando ese espacio está junto al andén, además, se paga doble: es la zona más disputada de la nave y la que define la velocidad de carga y descarga.
El primer paso es medir cuánto se está usando. Contar las tarimas vacías, estimar su superficie y compararla con el espacio que falta en recibo suele ser suficiente para justificar una decisión. En muchas operaciones, la zona de maniobra que hace falta ya existe, solo que está ocupada por tarimas que nadie ha decidido sacar.
El estado importa tanto como la cantidad
No todas las tarimas vacías son iguales. Hay tarimas sanas listas para reutilizarse, tarimas con tablas rotas que pueden repararse y tarimas que ya no deben volver a usarse porque son un riesgo. Mezclarlas en la misma estiba garantiza que el operador tome la primera que alcance, y una tarima dañada bajo carga es una de las causas más frecuentes de producto caído.
Separar por estado desde el momento en que se desocupa la tarima evita ese riesgo y facilita la decisión. Lo sano se reutiliza, lo reparable se junta para el proveedor de reparación y lo inservible se retira. Esa clasificación toma segundos si se hace al vaciar la tarima y toma horas si se pospone hasta que ya hay una montaña mezclada en el patio.
Estibar en altura recupera el piso de inmediato
Una vez clasificadas, las tarimas vacías no tienen por qué ocupar piso. Estibarlas en alto, en una ubicación asignada del rack o en una zona destinada a ese fin, multiplica la capacidad de almacenamiento del mismo metro cuadrado y saca el volumen de los pasillos de trabajo. Es la forma más rápida de recuperar espacio sin mover un solo producto.
Eso sí, una estiba alta de tarimas vacías es inestable si se arma a mano y a ojo. Conviene limitar la altura, mantener el perímetro alineado y colocarla en un lugar donde no reciba golpes de equipo en tránsito. Bien hecha, una sola posición puede concentrar lo que antes ocupaba varios metros de pasillo, y el almacén siente el cambio el mismo día.
El manejo en altura requiere el equipo adecuado
Subir y bajar estibas de tarimas vacías es trabajo repetitivo, y el equipo es lo que define si se hace de forma segura o improvisada. Un apilador eléctrico con alcance suficiente permite colocar la estiba en el nivel asignado, tomarla completa cuando se requiere y devolverla sin desarmarla, evitando que alguien tenga que subir manualmente a acomodar.
También conviene definir la frecuencia de salida. Una recolección programada con el proveedor o con el transportista que las retira evita que el inventario de vacías vuelva a crecer. Con una ubicación definida, una clasificación simple y un equipo que alcance la altura, las tarimas dejan de ser un problema recurrente y se convierten en un flujo más, con su propio lugar y su propia rutina.
El orden en lo que no se vende también rinde
Ningún almacén mejora su capacidad solo acomodando mercancía. Buena parte del espacio perdido está en lo que no se vende: vacías, empaque, devoluciones y material de desecho. Ordenar esa parte suele liberar más metros que cualquier rediseño del rack.
En Qualift trabajamos con operaciones que necesitan aprovechar cada metro de su nave, con venta y renta de apiladores en Mérida que permiten llevar a la altura todo lo que hoy está ocupando el piso.
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