Logística

¿Qué hacer con el producto de baja rotación?

Todo almacén tiene una zona que casi nadie visita: tarimas que llevan meses en la misma ubicación, cajas con polvo acumulado y producto que aparece en el inventario pero no en los pedidos. Es la mercancía de baja rotación, y aunque no genera movimiento, sí genera costos todos los días: ocupa las ubicaciones que el producto de alta demanda necesita, complica los conteos y estira los recorridos de toda la operación. Decidir qué hacer con ella es una de las tareas más rentables y más pospuestas de la gestión de almacenes.

El costo de lo que no se mueve

El primer error es pensar que el producto detenido no cuesta porque ya está pagado. Cada tarima inmóvil ocupa una posición de rack que tiene un valor de renta real, obliga al producto de alta rotación a acomodarse más lejos y suma metros a cientos de recorridos diarios. En almacenes saturados, el efecto es todavía más caro: se renta bodega adicional o se apila en pasillos para darle espacio a mercancía nueva, mientras las mejores ubicaciones las sigue ocupando producto que sale tres veces al año.

A eso se agrega el deterioro silencioso. La mercancía que no rota se maltrata sin que nadie lo registre: cajas aplastadas por estibas que se acomodaron encima, empaques decolorados, fechas de caducidad que se vencen en silencio. Cuando por fin llega el pedido que la solicita, una parte ya no es vendible, y la pérdida se descubre en el peor momento posible: con el cliente esperando.

Primero medir, después decidir

La baja rotación no se combate con impresiones sino con datos. Un reporte simple de últimas salidas por producto —que cualquier sistema de inventario puede generar, y que en operaciones pequeñas se arma en una hoja de cálculo— separa la mercancía en tres grupos: la que rota de forma regular, la que rota poco pero predecible, y la que sencillamente no se ha movido en seis meses o más. Cada grupo pide una decisión distinta, y mezclarlos es lo que mantiene el problema vivo.

El producto de rotación lenta pero real merece quedarse, solo que en otro lugar: niveles altos de rack, zonas alejadas del flujo principal, ubicaciones menos accesibles que liberan las posiciones de oro para lo que sale todos los días. El producto muerto, en cambio, requiere una decisión comercial: rematarlo, devolverlo al proveedor si el acuerdo lo permite, donarlo o darlo de baja. Cualquiera de esas salidas es mejor que seguir pagando renta por almacenar una pérdida.

El reacomodo que libera al almacén

Una vez tomadas las decisiones, viene el trabajo físico: mover decenas o cientos de tarimas hacia sus nuevas ubicaciones. Es el paso donde muchos almacenes se detienen, porque el reacomodo compite contra la operación diaria por gente y equipo. La forma práctica de resolverlo es por bloques: dos horas al final de los turnos de menor carga, con rutas definidas de antemano, moviendo primero lo que libera las ubicaciones más valiosas para que el beneficio se sienta desde la primera semana.

El equipo correcto acelera todo el proceso. Un patín hidráulico en buen estado resuelve los traslados a nivel de piso, y un apilador permite subir la mercancía lenta a los niveles altos donde deja de estorbar. Las operaciones que hacen este ejercicio una vez por trimestre descubren que el reacomodo deja de ser un proyecto y se convierte en rutina: pocas tarimas cada vez, sin paros y sin rentar un metro adicional de bodega.

Evitar que el problema regrese

Lo que casi nadie hace es cerrar el ciclo: preguntarse por qué llegó ese producto que no rota. A veces la causa es una compra por volumen que buscaba mejor precio sin considerar el costo de almacenarla; a veces un lanzamiento que no funcionó y nadie dio de baja; a veces mercancía de un cliente que dejó de pedir. Llevar esa conversación a compras y ventas con datos del almacén evita que las ubicaciones recién liberadas se vuelvan a llenar de lo mismo.

Para las operaciones de la región occidente que están por hacer este reacomodo y necesitan equipo confiable para moverlo todo sin fricción, revisar las opciones de patines hidráulicos en Colima ayuda a completar la herramienta que el proyecto requiere antes de arrancar.

El espacio más caro del almacén es el que ocupa lo que nadie compra.

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