¿Qué exige preparar la bodega para huracanes?
Septiembre y octubre son los meses de mayor actividad ciclónica en el Golfo de México y el Caribe, y para las bodegas de la península la temporada no se vive como una noticia, sino como un plan de trabajo. Un huracán puede traer viento, lluvia intensa, cortes de energía y días sin acceso para los transportistas. La mercancía que se daña casi nunca se pierde por el golpe directo del viento, sino por agua, por estibas mal aseguradas y por decisiones que se tomaron tarde.
El agua es el riesgo principal
Aunque el viento acapara la atención, la mayoría de las pérdidas en almacenes se deben a filtraciones y encharcamientos. El agua entra por cortinas mal selladas, por techos con láminas flojas o simplemente sube desde el piso cuando el drenaje exterior se satura. Una tarima de cartón que absorbe humedad desde la base pierde resistencia y termina colapsando, aunque el resto del almacén haya quedado intacto.
Por eso la primera medida es elevar lo vulnerable. Todo lo que está directamente en el piso o en el primer nivel del rack es lo que más riesgo corre. Subir papel, cartón, electrónicos y producto empacado a niveles superiores días antes del evento protege la mercancía de mayor valor sin necesidad de sacarla del almacén.
Reubicar inventario requiere equipo y tiempo
El problema es que esa reubicación suele hacerse con prisa, cuando el aviso de tormenta ya está encima. Si la bodega solo cuenta con patines para mover carga a nivel de piso, subir decenas de tarimas a niveles altos se vuelve imposible en un solo turno. Y hacerlo con improvisaciones, como escaleras o estibas manuales, añade un riesgo de accidente en el peor momento.
Un apilador resuelve justamente esa maniobra: eleva tarimas a varios metros con control y sin depender de un montacargas de combustión que no conviene operar en espacios cerrados. En una bodega que se prepara con anticipación, un solo operador puede reacomodar buena parte del inventario sensible en pocas horas, dejando libres los niveles bajos que podrían mojarse.
Asegurar las estibas y los racks
Una tormenta fuerte puede provocar vibraciones en la estructura, corrientes de aire dentro de la nave si una cortina cede y movimientos de carga mal amarrada. Las tarimas en niveles altos deben quedar bien centradas sobre los travesaños, con el emplayado revisado y sin cajas sobresaliendo. Una estiba que ya estaba inclinada antes del evento es la primera que se cae.
También conviene revisar el anclaje de los racks al piso y el estado de los travesaños. Subir carga a los niveles superiores cambia la distribución de peso del rack, así que hay que respetar la capacidad de cada nivel. Elevar inventario para protegerlo del agua no debe convertirse en sobrecargar una estructura que no fue diseñada para ese peso.
El equipo también necesita protección
Los equipos eléctricos son sensibles al agua. Antes del evento, los apiladores y patines eléctricos deben quedar con la batería cargada, estacionados en la zona más alta y seca de la nave y desconectados de la red para evitar daños por variaciones de voltaje cuando regrese la energía. Un equipo que se queda cargando junto a una cortina puede quedar fuera de servicio justo cuando más se necesita.
Los patines hidráulicos manuales conviene guardarlos con las horquillas abajo y lejos de zonas de encharcamiento, porque el agua que entra en rodamientos y ejes acelera la corrosión. Después del evento, una revisión rápida de ruedas, sellos y partes metálicas evita que un daño menor se convierta en una falla semanas más tarde.
La recuperación empieza antes de la tormenta
Las bodegas que se recuperan en horas y no en días son las que dejaron resuelto qué se baja primero, quién opera el equipo y cómo se revisa la mercancía antes de volver a surtir. Tener inventario ubicado en niveles altos y equipo en buen estado permite reanudar entregas en cuanto las carreteras se abren, mientras otros apenas empiezan a evaluar daños.
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