Protectores de rack: dónde los golpea el apilador
Un rack de almacén se diseña para soportar varias toneladas de producto repartidas en sus niveles. Lo que no está diseñado para soportar es el golpe lateral de un apilador que entra a la posición con medio grado de más. Ese golpe es pequeño, pero se repite veinte veces al día, y al cabo de unos meses el poste tiene una abolladura en la base que reduce su capacidad sin que nadie lo haya medido. Los protectores de rack existen para recibir ese golpe en lugar del poste, y para instalarlos bien hay que saber exactamente en qué puntos pega el apilador.
El poste de entrada al pasillo
El punto que más golpes recibe es el primer poste de cada fila, el que queda en la esquina del pasillo transversal. El operador viene por el pasillo principal, gira para entrar al pasillo de racks y el extremo de las horquillas, o la pata del apilador si es de patas rectas, barre la esquina del bastidor. La altura del golpe es baja, entre el piso y los treinta centímetros, porque las horquillas viajan abajo y las patas del apilador van al nivel del suelo. Ahí van las guardas de esquina, perfiles en forma de ele o de media caña que abrazan el poste y se anclan al piso, no al rack. La diferencia importa: si la guarda se atornilla al poste, el impacto le llega de todos modos.
Los protectores de extremo de fila cumplen la misma función para toda la cara del bastidor que da al pasillo transversal. Son defensas horizontales a la altura de la pata del apilador, ancladas al piso, que detienen el equipo antes de que toque el rack. Conviene dejarlos separados del bastidor unos centímetros, porque un protector pegado al poste transmite la deformación directamente.
La base del poste dentro del pasillo
Dentro del pasillo, el apilador pega en la base de los postes al alinear las horquillas con la tarima. El operador se acerca, corrige el ángulo y la pata o el chasis roza el poste a la altura del piso. Para eso existen los protectores de columna individuales, de acero o de polímero, que envuelven los primeros cuarenta o sesenta centímetros del poste. Los de polímero absorben el golpe y recuperan la forma, lo que los hace útiles donde el roce es constante. Los de acero resisten impactos más fuertes, pero transmiten parte de la fuerza al piso y hay que revisar sus anclas con frecuencia.
La altura del protector debe estar relacionada con el punto más bajo del apilador que puede tocarlo. En un apilador con patas de apoyo, ese punto son las patas y las ruedas de carga. En un apilador contrapesado, es el chasis. Un protector de treinta centímetros no sirve de nada si lo que golpea es el borde de una horquilla levantada a medio metro para acomodar una tarima en el segundo nivel.
El travesaño del primer nivel
El tercer punto de contacto es menos evidente: el larguero o travesaño del primer nivel. Cuando el operador baja la tarima sobre el nivel más bajo y calcula mal la altura, las puntas de las horquillas golpean el travesaño desde abajo o lo empujan desde el frente. También ocurre cuando la carga queda recargada hacia atrás y al retirar el apilador el respaldo de carga arrastra la viga. El travesaño abollado pierde capacidad igual que el poste, y además deja de asentar bien la tarima. Las soluciones son topes de profundidad en el fondo de la posición, que impiden empujar la tarima más allá del travesaño trasero, y capacitación para bajar las horquillas con el apilador detenido, no en movimiento.
En racks con primer nivel al piso, sin travesaño, el problema se traslada al poste y a las tarimas vecinas. Un apilador con horquillas largas para tarimas de un metro veinte que entra a una posición de un metro de fondo empuja la tarima de atrás y mueve el producto del pasillo contiguo.
El protector no sustituye la operación
Los protectores reducen el daño, pero cada golpe sigue siendo un error de maniobra que acorta la vida del apilador. Las ruedas de carga, los rodamientos de las patas y los soportes del mástil reciben el mismo impacto que el protector. Por eso, después de instalar protectores, conviene seguir revisando los postes cada mes, medir cualquier desviación mayor a unos milímetros y descargar el rack que la presente hasta repararlo. Y conviene revisar también el ancho de pasillo: muchos golpes vienen de un pasillo apenas suficiente para el radio de giro del apilador que se compró después de armar los racks.
En Monterrey, donde las naves de Apodaca y Santa Catarina trabajan racks altos con apiladores todo el día, los protectores bien colocados son parte del equipo, no un accesorio. Si estás armando o reorganizando tu almacén, conoce nuestras opciones de venta y renta de apiladores en Monterrey y revisemos juntos qué equipo entra en tus pasillos sin tocar los postes.
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