¿Por qué se quedan vacíos los niveles altos?
Es una escena común en almacenes medianos: un rack de cuatro o cinco niveles con los dos primeros saturados, el tercero a medias y los de arriba con polvo. La estructura se pagó completa, el espacio existe, y sin embargo la operación se comporta como si el almacén midiera la mitad de lo que mide. Cuando alguien pregunta por qué, la respuesta suele ser un encogimiento de hombros o un "es que no alcanzamos". Detrás de esa frase hay un problema de equipo, no de estructura.
El rack se compró pensando en la altura, no en el acceso
Instalar un rack alto es una decisión de proyecto: se calcula la altura libre de la nave, se define el número de niveles y se instala. Lo que muchas veces no se define con el mismo cuidado es cómo va a subir y bajar cada tarima en la operación diaria. Si el único equipo que llega a los niveles superiores es un montacargas que también descarga camiones, atiende embarques y hace mantenimiento de patio, las posiciones altas se usan solo cuando el montacargas está libre, que es casi nunca.
El resultado es que el personal, de forma inconsciente, adapta el almacén a lo que puede alcanzar. El producto se acumula en los niveles bajos, las tarimas se colocan en pasillos y el rack alto funciona como un mueble decorativo. Nadie lo decidió así, pero es la consecuencia lógica de tener capacidad de elevación compartida con otras tareas más urgentes.
El costo de las posiciones vacías
Una posición de rack sin usar no cuesta nada en apariencia, pero el almacén que la tiene vacía está pagando renta por metros cuadrados que no aprovecha y, con frecuencia, está evaluando ampliarse o mudarse. Cuando se calcula cuántas tarimas caben en los niveles que hoy no se usan, el número suele ser suficiente para posponer esa mudanza uno o dos años.
También hay un costo operativo. Los niveles bajos saturados obligan a mover tarimas para llegar a otras, los pasillos ocupados frenan cualquier recorrido y el producto de baja rotación termina estorbando al de alta rotación porque todo compite por el mismo espacio a nivel de piso. Un almacén con el rack completo en uso es, casi siempre, un almacén más rápido que uno con la misma superficie y los niveles altos vacíos.
El equipo que sí llega a cada nivel
La solución no es comprar otro montacargas. En naves con pasillos de dos y medio a tres metros y rack de hasta cinco o seis metros, un apilador eléctrico es el equipo que hace que los niveles altos sean parte real de la operación. Trabaja en interiores sin emisiones, gira en menos espacio que un equipo de contrapeso y coloca la tarima en el nivel superior con precisión, sin depender de que el montacargas se desocupe.
Lo importante es que el apilador quede asignado al rack. Cuando hay un equipo cuya única función es subir y bajar tarimas de la estructura, el personal deja de acumular producto abajo porque sabe que puede colocarlo arriba en cualquier momento. La disciplina de aprovechar la altura no se logra con instrucciones sino con la capacidad disponible en el pasillo.
Cuánta altura y cuánta capacidad realmente hacen falta
Antes de elegir el apilador conviene medir la altura de la viga del último nivel y sumar el margen para colocar la tarima con holgura. Un apilador que llega justo al nivel más alto obliga al operador a maniobrar al límite, y ese es el nivel donde ocurren los golpes a la estructura. También hay que revisar el peso de las tarimas que van arriba: la capacidad de un apilador disminuye conforme sube el mástil, y lo que carga a un metro no es lo que carga a cinco.
Con esos dos datos, y con el ancho de pasillo real medido entre las tarimas que sobresalen y no entre las vigas, la elección se reduce a dos o tres modelos. Es un cálculo que toma una tarde y evita el error más caro, que es comprar un equipo que tampoco llega y volver a dejar los niveles altos vacíos.
Acomodar por rotación una vez que el rack está disponible
Cuando la altura ya es accesible, el criterio para llenarla es la rotación. El producto que sale todos los días se queda en los niveles bajos, al alcance del patín; el que se mueve una vez a la semana o al mes sube a los niveles altos, donde el apilador lo baja cuando se necesita. Ese acomodo libera el piso, acorta los recorridos de surtido y hace que el almacén se sienta más grande sin haber cambiado una sola viga.
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