La rueda de tracción del apilador también se gasta

Cuando se habla de desgaste en un apilador, casi siempre se revisan las ruedas de carga, las que van debajo de las horquillas, porque son las que se ven y las que primero hacen ruido. La rueda de tracción, la que está debajo del motor y mueve todo el equipo, suele quedar fuera de la inspección hasta que el apilador empieza a patinar en el arranque o a frenar más largo de lo normal. Para entonces el poliuretano ya se fue, el motor lleva meses trabajando de más y la batería se descarga antes porque cada arranque pierde energía en una rueda que no agarra.

Qué hace esa rueda y por qué sufre tanto

La rueda de tracción es el único punto por donde el apilador transmite fuerza al piso. Acelera, frena y dirige con ella, y además carga una parte del peso del equipo y de la batería. En un apilador eléctrico con el timón girado a tope, la rueda gira sobre su propio eje en cada maniobra, raspando el piso en vez de rodar. Esa combinación de tracción, frenado y giro en el mismo pedazo de poliuretano explica por qué se desgasta más rápido que cualquier otra rueda del equipo, aunque sea la más grande y la más gruesa.

El desgaste no es parejo. Los operadores que arrancan y frenan de golpe le quitan material en forma de planos, y los que giran con el apilador detenido le hacen surcos en el centro. Un piso de concreto pulido la cuida; un piso con juntas abiertas, grava suelta o sal de deshielo la come por los bordes. Lo que en un almacén limpio dura dos años, en un patio de carga con piedras puede durar seis meses, y la diferencia no se nota hasta que se mide.

Las señales que da antes de fallar

La primera señal suele ser el patinaje al arrancar con carga, sobre todo en piso húmedo o con polvo fino. El motor acelera, se oye el zumbido, y el apilador tarda una fracción de segundo en moverse porque la rueda gira en falso. La segunda es un frenado más largo: el freno electromagnético actúa sobre el motor, no sobre el piso, y si la rueda no agarra, el apilador sigue deslizándose unos centímetros después de soltar el acelerador. En un pasillo con peatones esos centímetros son los que importan.

Después vienen las señales de forma. Una rueda con el poliuretano cuarteado, con pedazos desprendidos o con el acero del cubo asomando en los bordes ya pasó el punto de cambio. También hay que fijarse en el diámetro: cada milímetro que pierde baja la altura del chasis de ese lado, y el apilador empieza a inclinarse de forma apenas perceptible hacia el motor. Esa inclinación cambia la lectura del operador en las curvas y hace que el equipo roce el piso con la parte baja del bastidor en los desniveles.

Cuándo cambiarla y qué revisar al mismo tiempo

El criterio práctico es el diámetro mínimo que marca el fabricante en la placa de la rueda o en el manual, normalmente entre un diez y un quince por ciento menos que el diámetro original. Si no se tiene el dato, una regla razonable es cambiarla cuando el poliuretano restante sobre el cubo de acero baja de la mitad de su espesor original o cuando aparece cualquier grieta que llegue al cubo. Esperar a que se vea el metal es esperar demasiado, porque desde ahí la rueda puede desprenderse en una curva con carga.

Cambiarla es el momento para revisar lo que la rodea. El balero del eje, que aguanta el peso del motor, suele estar en el mismo estado que la rueda. Los tornillos del reductor conviene reapretarlos con el torque indicado y no a sentimiento, porque una rueda nueva, más alta, cambia ligeramente el ángulo de trabajo. Y el freno se ajusta después de montar la rueda, no antes, porque la distancia de frenado se mide con el diámetro real que va a rodar.

Lo que cuesta no hacerlo a tiempo

Una rueda de tracción cuesta una fracción de lo que cuesta un motor, y el motor es lo que se maltrata cuando la rueda patina: arranca con picos de corriente, se calienta más y desgasta antes las escobillas o el controlador. La batería también paga: cada arranque en falso consume energía que no se convierte en movimiento, y en un turno largo eso se traduce en que el apilador se queda sin carga una o dos horas antes. Sumado al riesgo de un frenado que no responde con carga arriba, el cambio preventivo es de las decisiones más fáciles de justificar en el mantenimiento de un apilador.

En Guadalajara, donde los almacenes de El Salto, Tlaquepaque y Zapopan combinan piso interior pulido con patios de maniobra de concreto rústico, la rueda de tracción es de las piezas que más conviene medir cada mes. Si tu equipo ya muestra patinaje o frenado largo, o estás evaluando con qué apilador equipar una bodega nueva, conoce nuestras opciones de venta y renta de apiladores en Guadalajara y te ayudamos a definir el programa de revisión que le corresponde.

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