Doble fila, cinco minutos y un patín
Una parte enorme de la mercancía que se mueve en una ciudad grande se descarga así: el camión se detiene en doble fila frente a la tienda o la bodega, el tránsito de atrás empieza a sonar el claxon, el chofer abre la caja y el ayudante baja con un patín hidráulico a sacar cuatro o cinco tarimas en el menor tiempo posible antes de que llegue la grúa o la multa. No hay andén, no hay rampa niveladora, no hay piso de concreto pulido. Hay asfalto, una banqueta, una puerta angosta y mucha prisa. El patín es el único equipo que participa en esa maniobra, y casi nunca se eligió pensando en ella.
El patín en la calle no se comporta igual
Dentro del almacén el patín trabaja sobre un piso plano y duro, donde las ruedas pequeñas de los rodillos de carga avanzan sin esfuerzo. En la calle el asfalto tiene baches, tapas de registro, pendiente hacia la coladera y a veces adoquín. Un rodillo de siete centímetros de diámetro se traba en cualquier hueco de dos centímetros, y con una tonelada encima el patín se detiene en seco mientras el operador sigue empujando. Ahí se doblan los ejes de los rodillos y se desprenden las bandas de poliuretano. Las ruedas direccionales de nylon, que en bodega son ideales, en asfalto caliente dejan huella y resbalan en la arena del arroyo.
La pendiente es el otro factor que cambia todo. Las calles tienen inclinación hacia la banqueta para el drenaje, y una tarima de ochocientos kilos sobre un patín sin freno rueda sola hacia el lado bajo en cuanto el operador afloja. Si el lado bajo es el arroyo vehicular, la carga se va hacia el tránsito. El operador tiene que posicionar el patín de modo que la pendiente lo empuje hacia la pared, nunca hacia la calle, y eso implica pensar la maniobra antes de bajar la primera tarima.
La plataforma del camión y el salto al piso
Sin andén, la carga baja por la plataforma elevadora del camión o por una rampa portátil. La plataforma elevadora tiene un límite de peso que suele ser menor que la capacidad del patín, y una separación entre la plataforma y la caja que los rodillos tienen que cruzar. Si la tarima se sube a la plataforma con las horquillas elevadas, el centro de gravedad queda alto y cualquier movimiento de la plataforma al bajar la hace balancearse. La forma correcta es bajar la carga al mínimo, trabar las ruedas direccionales contra el tope de la plataforma y que el operador no viaje sobre la plataforma con la carga si el equipo no tiene barandal para ello.
Al llegar al piso aparece el escalón entre la plataforma y el asfalto. Aunque sea de dos centímetros, con los rodillos de carga pequeños hay que entrar de frente, nunca en ángulo, y a paso lento. Si la calle tiene pendiente, la plataforma nunca queda exactamente a nivel, y el patín tiende a girar al pasar el borde. Dos personas en esa maniobra no son un lujo: una controla el timón y la otra detiene la tarima por el costado.
La prisa es el verdadero riesgo
Nada de lo anterior es complicado si se hace con calma. El problema es que la descarga en doble fila se hace contra reloj, y el reloj lo marcan los coches de atrás. Bajo presión el ayudante jala el patín caminando de espaldas hacia la calle sin mirar, cruza la banqueta sin ver a los peatones, intenta subir el borde de la banqueta con la carga puesta y suelta el timón para abrir la puerta de la tienda mientras la tarima sigue en pendiente. Cada uno de esos movimientos tiene un accidente conocido asociado.
La forma de quitarle presión a la maniobra es dividirla. El patín del camión solo baja la tarima de la plataforma al piso junto a la puerta, y de ahí la toma un segundo patín que vive en la tienda o la bodega y que ya conoce el pasillo interior. Así el camión se cierra en cuanto las tarimas tocan el piso, el chofer se va y el acomodo interior se hace sin tránsito encima. Además, el patín del camión nunca sale de la vista del chofer, que es la forma más común de perder un equipo en reparto urbano.
Qué patín conviene para repartos urbanos
El patín de reparto no es el mismo que el patín de almacén. Conviene uno de horquillas cortas, de ochocientos milímetros, para girar en puertas angostas y caber en la plataforma del camión. Los rodillos de carga en tándem reparten el peso y cruzan huecos que un rodillo sencillo no cruza. Las ruedas direccionales de poliuretano con balero ruedan mejor en asfalto y no resbalan en arena. Y el peso propio del equipo importa, porque el patín se sube y se baja del camión a mano varias veces al día. Para rutas con muchas entregas pesadas, un patín eléctrico compacto quita el esfuerzo de empujar en pendiente y añade el freno electromagnético que el patín manual no tiene.
En Ciudad de México, donde las bodegas del Centro, Vallejo e Iztapalapa reciben buena parte de su mercancía desde la calle y la Central de Abasto marca el ritmo de miles de entregas diarias en doble fila, el patín de reparto es una herramienta de trabajo que se desgasta rápido y se reemplaza seguido. Si tu operación hace entregas urbanas y quiere equipos que aguanten el asfalto, conoce nuestras opciones de venta y renta de patines hidráulicos en Ciudad de México y revisemos qué configuración conviene a tus rutas.
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