¿Cuánto pesa un apilador eléctrico?
Cuando se evalúa un apilador eléctrico, la atención suele ir a la capacidad de carga y a la altura de elevación. Pocas veces se pregunta cuánto pesa el equipo por sí mismo, y es un dato que importa más de lo que parece. El peso propio del apilador define si puede subir a un entrepiso, entrar a un elevador de carga, cruzar una rampa de andén o viajar en la caja de una camioneta. Ignorarlo puede llevar a daños en la infraestructura o a descubrir, ya con el equipo en la planta, que no puede llegar a donde se necesita.
De qué depende el peso de un apilador
El peso de un apilador eléctrico varía según su capacidad, su altura de elevación y su tipo de batería. Un apilador compacto de baja capacidad y mástil corto puede pesar alrededor de 400 a 600 kilos, mientras que un equipo de mayor capacidad con mástil triple puede superar los 1,200 kilos. A mayor altura, más secciones de mástil, más acero y más peso.
La batería es otro factor determinante. Las baterías de plomo ácido son pesadas y en algunos modelos representan una parte importante del peso total, lo que ayuda a estabilizar el equipo. Las baterías de litio pesan bastante menos, lo que aligera el apilador, aunque el fabricante compensa esa diferencia con contrapesos o con el diseño del chasis para conservar la estabilidad.
Peso del equipo más peso de la carga
Para calcular lo que soporta un piso, una rampa o un elevador no basta con el peso del apilador. Hay que sumar la carga máxima que transportará y, en su caso, el peso del operador. Un apilador de 900 kilos con una tarima de 1,200 kilos representa más de dos toneladas concentradas en un área pequeña, y ese peso no se reparte de forma uniforme: se concentra en las ruedas de carga, en la parte delantera, cuando la tarima está arriba.
Esa carga puntual es la que más daño puede hacer. Pisos de concreto delgado, losas de entrepiso o placas metálicas de andén pueden resistir el peso total repartido, pero no la presión que ejercen unas ruedas pequeñas. Antes de operar en superficies que no fueron diseñadas para tráfico de equipo, conviene consultar a un especialista en estructuras. Las ruedas de poliuretano de mayor diámetro reparten mejor la presión que las ruedas pequeñas y duras, un detalle que conviene considerar cuando el piso es delicado.
Elevadores, entrepisos y rampas
En edificios de varios niveles, el elevador de carga es con frecuencia el límite real. Su capacidad nominal debe cubrir el peso del apilador, la carga y a la persona que lo acompaña, con margen de seguridad. Algo similar ocurre con los entrepisos metálicos, que suelen diseñarse para almacenamiento ligero o tránsito de personal y no para equipos motorizados.
Las rampas de andén y las niveladoras también tienen capacidad máxima. Un apilador pesado que entra con carga a la caja de un tráiler somete a la niveladora a un esfuerzo considerable, y si ésta está desgastada o mal calibrada puede ceder. Revisar la placa de capacidad de cada rampa antes de asignar el equipo evita accidentes en una de las zonas más riesgosas del almacén.
El transporte del apilador
Cuando el apilador tiene que moverse entre sucursales o regresar al taller, su peso define cómo se traslada. Una camioneta de carga ligera puede no ser suficiente, y subirlo requiere una rampa adecuada o una plataforma con elevador. Asegurarlo correctamente durante el viaje, con eslingas o cadenas en los puntos indicados por el fabricante, protege tanto al equipo como al vehículo.
Para estos casos, la ficha técnica del apilador indica el peso con y sin batería. Tener ese dato a la mano facilita la planeación de cualquier traslado y evita improvisar maniobras que ponen en riesgo al personal. Si la batería es removible, en algunos casos conviene trasladarla por separado para reducir el peso de la maniobra, siempre siguiendo las indicaciones del fabricante.
Elegir con el peso en mente
En Tabasco, donde muchos almacenes de Villahermosa y de la zona industrial atienden a la industria energética, al comercio y a la distribución de alimentos, es común encontrar bodegas con entrepisos, rampas improvisadas o pisos que no fueron pensados para maquinaria. Considerar el peso propio del apilador desde la cotización permite elegir un modelo que se adapte a esas condiciones.
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